Corea, quizás por provenir de una cultura que tiene mas años que la peruana
es en el sentido filosófico mas sólido en cuanto al entendimiento de los tiempos
y las reacciones humanas. No busca tan sólo despertar la sorpresa inmediata en
el espectador sino una más duradera, aquella que hará recordar la película misma
aun después del final; el espectador no se da cuenta la forma en como son
manipulados sus sentidos y sentimientos. Para ejemplo dos películas que extrañamente aun podemos ver en cartelera y de
dos géneros muy distintos. Una es un thriller psicológico llamado en Perú “Hipnosis mortal” pero cuyo
título en inglés es “Oldboy”. Este filme nos narra la historia de Dae-su Oh quién es secuestrado por 15
años y encerrado en una habitación. La desesperación del protagonista por
escapar se ve eclipsada por el inexplicable momento cuando es puesto en libertad
y desde ese momento Dae-su Oh sólo vivirá y sufrirá para encontrar la razón y al
responsable de su encierro pero el desenlace no es el que él espera pues durante
toda la película Dae-su Oh (y los espectadores) nos hemos hecho la pregunta
equivocada. Narrada en dos tiempos y con un excelente manejo del lenguaje
cinematográfico, “Hipnosis mortal” es una excelente película en donde el tiempo
es un protagonista mas y nosotros sus víctimas más sutiles. La segunda película, pero no menos buena por eso, es “Primavera, Verano,
Otoño, Invierno… y otra vez Primavera”. Es una hermosa película cuya
ambientación fue hecha en un parque nacional de Corea, específicamente en un
templo budista en medio de un lago que está rodeado por hermosas montañas. Este filme narra las experiencias de un monje budista ya anciano y de su
pequeño discípulo que empieza su preparación espiritual y religiosa. Cada etapa
de la vida corresponde a una estación del año pero no son secuenciales y así
veremos al niño convertirse en hombre y vivir experiencias las cuales su maestro
deberá encausar para que logre la paz espiritual necesaria. “Primavera, Verano…” es tan cautivamente y el simbolismo en sus escenas así
como la expectativa del espectador logran que no nos demos cuenta que casi no
hay líneas de diálogo en la película y esto es lo mas espectacular de todo pues
marca el enorme abismo con el cine peruano que se ve desbordado por el exceso de
palabras. El cuidado en lo visual es casi quirúrgico y las actuaciones son
sencillamente inmaculadas. La escuela de cine coreana es impresionante y está dando que hablar en el
mundo y la originalidad de sus guiones refrescan la ya bastante caída cartelera
nacional. Bienvenidos sean mas filmes coreanos y larga vida al cine de
Corea. |